Diario de un parado III: la coronilla del funcionario.

Bueno, llegó el momento. No lo puedo aplazar más.

Meto todos los papeles que se me ocurren en una carpeta, y me dirijo a la oficina del paro. Estoy nerviosa y no sé por qué. No tiene sentido.

Cuando llego me sorprende no ver una cola que dé la vuelta a la manzana. No voy a ser yo el único despedido en esta semana ¿no?  Entro y me dirijo a información. Con cara de pocos amigos el funcionario me explica que ya no se puede ir así, por las buenas, a hacer las gestiones, hay que pedir cita previa. La primera en la frente. Por el mosqueo del funcionario no debo ser la única a la que la pasa. Así que vuelta a casa y procedo a solicitar la dichosa cita. A uno, afortunadamente, no le despiden todos los días por lo que cualquier trámite es nuevo.

Por fin consigo estar en el sitio adecuado y en la hora precisa. Me gustaría una palabra amable y una sonrisa y me encuentro con una coronilla. Saludo.  La coronilla emite un sonido que supongo que quiere decir “hola” y ¡por fin! Una cara. Lástima, no sonríe, bueno, no puedo pedirlo todo. ¿Ha traído los papeles? Saco mi carpeta y pongo encima de la mesa el resumen de doce años de trabajo. Pasa detenidamente toda la documentación y comienza a escribir en el ordenador. Me remuevo incómoda en la silla. Ni caso. Toso un poquito. Ni caso. Me arriesgo a preguntar ¿está todo? Ni caso.

Me gustaría gritar: ¡levante la cabeza, por Dios!. Está tratando con una persona. Ya sé que como yo pasan muchas por esta silla, ya sé que para usted soy solo su trabajo (¿yo también me comportaría así cuando trabajaba?), ya sé que no se encuentra valorado y que está quemado, pero  soy una persona pasando una situación difícil! ¿Tanto le cuesta mirar a los ojos? Pero en vez de gritarlo bajo la cabeza y a partir de ahí el diálogo es de coronilla a coronilla. Estamos empatados.

Cuando termina de escribir en el ordenador me alarga los papeles y me dice un escueto “ya está, le llegará una notificación”. Y eso es todo. Aquí acaba mi historia laboral (por el momento).

Voy a otra mesa, a inscribirme como demandante de empleo. El tipo es simpático y me mira con cara de  “pobre, la que la espera”. Tras una charla insustancial que sirve para romper el fuego le entrego todos mis títulos para la elaboración del CV y de verdad que noto su mirada desconcertada. Me dice ¿para qué vamos a hacer todo esto si no te vamos a llamar nunca? Me hunde en la miseria. No es que esperase una oferta de empleo allí mismo, pero ser tan rotundo…. Al final me empeño y se elabora mi CV.

Lo reconozco, salgo de allí con una mezcla de desesperación, rabia y desconcierto. ¡Menuda  oficina de empleo!

¿Cómo ha sido tu experiencia en las “Oficinas de empleo”?

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6 pensamientos en “Diario de un parado III: la coronilla del funcionario.

  1. Voy a romper una lanza en favor de los trabajadores de las oficinas de empleo. En primer lugar diré que como en todos los sitios los hay más o menos amables. El que no coloquen en ese puesto a la persona preparada no es su responsabilidad, desde luego. Y por otro lado quizás no sea indiferencia, ni despreocupación ante el problema de otras personas, quizás no sepan reaccionar contra algo que les puede afectar en su estado de ánimo y se protejan con la indiferencia.
    ¿Por qué dicen los mendigos, que paracen transparentes?, por qué nadie repara en ellos?, no lo son, para nada, todos los vemos, pero si no los miras, si haces como que no los ves, parece que no tienes por qué sentir la impotencia de luchar contra el hambre, es una especie de autoprotección.
    Nosotros mismos hemos asistido a esta sangría personal, de ilusión, de desesperación que supone el drama enorme del deseempleo. Hemos visto las dramáticas estadísticas que suponen, no ya 6 millones de parados, sino los 2 millones, que dicen, que no reciben prestación alguna. Y yo siempre pienso, ¿cómo es posible que 2 millones de personas, sin nada de ingresos puedan comer?
    En fin cada vez que voy a sellar la demanda de empleo (últimamente a través de internet) me da más pena lo que veo, los que van, los que están, y los que pronto vendrán. Necesitamso ilusión, necesitamos personas, necesitamos atención y que alguien nos diga empujemos todos desde el mismo lado del carro que esto tiene salida.

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    • Hola Lorenzo. Gracias por dar un mensaje tan positivo de esperanza. Yo también creo que con ilusión y trabajo saldremos de esta. Y tienes razón, debe ser muy duro ver pasar situaciones tan duras todo el día, pero estás ahí y eres persona, un poco de empatía nunca viene mal.

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  2. Es cierto que en muchos casos la persona que encontramos sentada al otro lado de la mesa carece de la empatía más básica. Yo, sin embargo, tuve la suerte de mi lado y tropecé con una mujer encantadora que, además de mostrarse comprensiva, me ayudó en todo y más.

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    • Hola Cristina, es verdad, en todos los sitios hay de todo y también hay gente encantadora que trata de ayudarte. Desde aquí gracias a esos funcionarios que si se preocupan por las “personas” a las que reciben.

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  3. Ni en la oficina de empleo, ni en la del paro (que en mi caso son dos distintas) he tenido como interlocutor a un funcionario amable. Uno ya está acostumbrado a ese tipo de atención en muchos interlocutores de la Administración. No son de recibo las malas caras, ni la bordería, sea cual sea la razón, pero son habituales.

    No lo justifican ni los bajos sueldos (que ahora no son tan bajos, sobre todo si los comparas con el resto), ni las nulas posibilidades de ascenso (tienes una plaza fija de por vida, si aspiras a otra, cúrratela), Creo que es la tónica general en una administración anquilosada. No sirve como excusa el que los políticos se dediquen a copar para sus partidos los puestos de la administración con cargos designados a dedo, ni que da lo mismo lo que hagas. Te pagamos para ello.

    La gente espera y debe recibir una atención al menos correcta, y no las malas caras, cuando no las quejas de que si les han bajado el sueldo, de que si los van a privatizar, etc. Mientras no haya un control serio de la productividad (que se puede medir, no solo rigen criterios económicos), mientras a un funcionario, por vago que sea, no se le pueda despedir (que es inviable ahora mismo, por más que digan que se pueden abrir expedientes), mientras no sea facil restructurar un puesto (conozco delineantes que llevan más de veinte años cruzados de brazos porque su puesto es de delineante, si, con tinta china y eso, y no aceptan reciclarse a otras tecnologias), mientras nuestros políticos sigan nombrando gente a troche y moche dilapidando los caudales públicos, esto no tiene solución.

    Y las oficinas de empleo son un ejemplo más de lo que ocurre en otros ámbitos de la Administración. Vete a tu ayuntamiento y contempla cualquier dia la cantidad de mesas vacias que hay, de gente que llega tarde o no llega, que se va a media mañana… No es broma, En mi pueblo, de unos 200.000 habitantes, he ido a hablar sobre un asunto particular de impuestos locales a la concejalia correspondiente. Para este tema debía haber cuatro funcionarios. Cada dia, de las cinco veces que he ido, faltaban casi todos ellos. Uno por vacaciones, otro por enfermedad, otro ocupado en otros asuntos (no estaba en su mesa, evidentemente) y el cuarto habia salido en ese mismo momento. Me ha tocado esperar, normalmente una media hora para que volviese, cuando volvía (en un caso lo deje por imposible).

    En el paro, que tramité inicialmente por Internet (otro tema es el de las aplicaciones de la administración), dediqué un dia COMPLETO a configurar mi ordenador con las versiones adecuadas de Java y Explorer, para poder darme de alta en la web de Trabajo como parado y recibir las prestaciones. Al cabo del dia conseguí meter todos los datos, que me los aceptase (cosa nada fácil) y que me diese una referencia de ellos. Como no me fiaba, pedí cita previa y cuando fuí me explicaron que no hacian caso a la web porque ¡fallaba tanto!

    Estoy seguro de que muchos funcionarios trabajan bien, pero más amabilidad y sentido de la realidad que vivimos no les vendría mal a muchos de ellos.

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    • Hola Jesús.
      Estoy de acuerdo contigo en que una mala atención al público no está justificada ni por el bajo sueldo, ni por las malas condiciones laborales ni por nada. Ante todo las personas, y es cierto que puedes tener un mal día, pero debes procurar no pagarlo con el “cliente”.

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