¿Lo celebras conmigo?

Hola a tod@s

Marzo es un mes especial para mi. Un mes de doble celebración: hace un año que empecé el blog y hace…. (ummm, mejor no lo pongo) que nací. Por eso me he metido en la cocina y este es el resultado que quiero compartir con vosotros. ¡Acerca el plato que te pongo un poquito!

Tarta

 

Preocupaciones de un parado surgió como un proyecto de un curso que estaba haciendo. En aquel momento estaba desempleada y pensé en recopilar todo lo que encontraba sobre búsqueda de empleo, currículums, cartas de presentación, entrevistas de trabajo…

Cuando tras un largo periodo laboral, te quedas en desempleo, te das cuenta de lo mucho que ha cambiado la forma de buscar trabajo, y eso supone una formación en las nuevas técnicas y tácticas. Hay que aprender no sólo como crear un currículum o redactar una carta de presentación, sino también como crear tu marca personal y como estar presente en las redes sociales. Te das cuenta que buscar trabajo es un trabajo en sí mismo que absorbe todas las horas disponibles del día.

Y de repente ¡encontré trabajo! yo, que prácticamente era una “desahuciada laboral”. Pero en este largo camino también he visto como buenos amigos lo han perdido, o no han tenido tanta suerte. Duele ver tanto talento desaprovechado. Duele ver tanta desesperación. Duele ver como la autoestima de muchas personas está por los suelos.

Hablamos de desempleo, damos cifras, datos, gráficos… pero nada de eso refleja el drama por el que pasa quién está desempleado. Quien ve como sus ingresos disminuyen peligrosamente. Quien se siente sólo y abandonado por todos. Quién pasa de no tener tiempo a tener todo el del mundo y no saber qué hacer con él. Es duro ser desempleado.

Por eso Preocupaciones de un parado quiere reflejar también esa situación de soledad y desesperanza.

Pasar por una situación de desempleo es algo difícil de olvidar. Queda una marca profunda, y me gusta pensar que mi blog en un poco el vuestro. Un punto de encuentro donde acudir cuando se tienen dudas sobre la búsqueda de empleo.

Muchas gracias a todos los que alguna vez habéis pasado por el blog ¡nunca imaginé que un año después casi 35.000 habrían leído alguno de los post! La lista de países es también abrumadora: Argentina, Chile, México, Estados Unidos, Colombia, Perú… Emiratos Árabes Unidos, Federación Rusa, Japón, Sudáfrica, Australia, Egipto, Singapur, Corea, Omán…

 

Mapa

 

Gracias especialmente a los que os habéis suscrito a él. Sois la razón de ser de preocupaciones de un parado.

Por último desearos mucha suerte, y que vuestras aspiraciones laborales se conviertan en realidad.

Salu2

Alicia López

 

Anuncios

¿Existen los milagros?

la pequeña saltamontes :P

photo credit: aguscr via photopin cc

Lo tenía casi imposible. Podría decirse que era una “desahuciada” del empleo. Mujer, mayor de 45 años, madre de familia y con más de un año de permanencia en el paro. Misión imposible, me decían, probablemente no vuelvas a trabajar, lo tienes francamente difícil.

Pero me empeñe y mucho. Cerré mis oídos a los agoreros, a los malos pensamientos, al desánimo, a las miradas de pena… Procuré rodearme de la gente que me apoyaba, que me daba fuerzas.  Y lo conseguí.

No fue un camino fácil, hubo muchas ofertas en las que ni siquiera miraban mi currículum, y cuando lo hacían el descarte era automático. Semanas enteras sin presentarme a ninguna candidatura que se ajustase a mi perfil. Y muchas con la coletilla “de 25 a 30 años”  o similar.

Volví a la “escuela” y empecé a hacer cursos que reforzaran y ampliaran mis capacidades.  Leí mucho sobre marca personal, currículums, cartas de presentación…. (tanto que me decidí a hacer un blog sobre el tema).

Descubrí las redes sociales, y con ellas a un montón de personas (mis amigos 2.0) que me apoyaron y me enseñaron muchas cosas. Siempre había alguien dispuesto a mandarte una sonrisa virtual y un “¡ánimo!: sabemos lo que es”.

Y de repente, un día, encontré a alguien que creyó en mí. Al que no le importó mi edad, sino sólo lo que sabía hacer. Al que convenció mi entusiasmo por ese trabajo, y no se dejó llevar por estereotipos estúpidos.

Tal y como están las cosas supongo que no será un trabajo para “toda la vida”, pero ya no me importa, no viviré con el temor del desempleo, porque sé  que en él también hay cosas buenas, nuevas oportunidades y gente grandiosa.

Hoy digo adiós al paro, pero no os digo adiós a vosotros, mis lectores. Seguiré en la brecha tratando de ayudar a que encontréis vuestro hueco, porque ¡Si se puede!

Ánimo y Salu2!!!

PD. Me vais a permitir que me acuerde en estos momentos de dos grupos de personas: la gente del curso de la CVE, con quienes compartí penas y alegrías durante muchos meses y el colectivo “No quiero ser portada de los lunes al sol” que hacen un trabajo estupendo por todos los desempleados (circunstancia que ellos comparten). Lo lograréis, seguro. No bajéis la guardia y mucho ánimo, seguro que una puerta os está esperando para abrirse. Yo seguiré con el blog, tratando de ayudar a todos los que están pasando por lo que yo pasé, porque sólo quien ha estado desempleado sabe lo que es.

¡Odio el mes de agosto!

girasol

photo credit: Claudio.Ar via photopin cc

Si, lo odio, y si me apuras, los fines de semana también.

Creí que nunca iba a decir esto, pero en parte es así. ¿Por qué? Pues porque España se paraliza y ¡no hay casi ofertas de empleo!. Por más que buscas… cero. Y lo de las autocandidaturas tampoco funciona. La mayor parte de las empresas o están cerradas o bajo mínimos.

Con el tiempo has establecido ya tu rutina de “buscador de empleo”: levantarte, ducha, desayuno y ¡al ordenador!: revisión de los portales de empleo para ver como van tus candidaturas o por si hay ofertas nuevas a las que inscribirte, revisión de los currículums cuando hay algo nuevo que añadir, envío de alguna autocandidatura. En esto llega la hora del café. Retomamos con RRSS: participar en Linkedin, Facebook, Twitter… ¡ah! y no olvidar el blog. Finalizamos la mañana con algo de formación on-line (inglés, officce, RRHH,RRSS…) y ¡a comer!.

La tarde llega más ligera: lecturas sobre aquellos temas que te interesan, nueva revisión de los portales de empleo y para finalizar otro ratito de Redes Sociales.

Y todo esto con la esperanza de recibir una llamada para la tan esperada entrevista. Pero en agosto esta esperanza se desvanece y el móvil permanece casi olvidado en un rincón del bolso.

Por si acaso seguiré buscando  y además aprovecharé el tiempo para redefinir mi estrategia pero, habrá que esperar a septiembre para retomar la rutina. Y mientras tanto disfrutaremos de la familia y los amigos. Por eso, aunque seguiré presente (con menos intensidad) en las Redes y en el blog, quiero desearos unas estupendas vacaciones. Disfrutad de todo lo que tenéis, que seguro que es mucho y ¡hasta septiembre!.

Y vosotros ¿cómo os planteáis el mes de agosto? chica septiembre

photo credit: dsevilla via photopin cc

Diario de un parado III: la coronilla del funcionario.

Bueno, llegó el momento. No lo puedo aplazar más.

Meto todos los papeles que se me ocurren en una carpeta, y me dirijo a la oficina del paro. Estoy nerviosa y no sé por qué. No tiene sentido.

Cuando llego me sorprende no ver una cola que dé la vuelta a la manzana. No voy a ser yo el único despedido en esta semana ¿no?  Entro y me dirijo a información. Con cara de pocos amigos el funcionario me explica que ya no se puede ir así, por las buenas, a hacer las gestiones, hay que pedir cita previa. La primera en la frente. Por el mosqueo del funcionario no debo ser la única a la que la pasa. Así que vuelta a casa y procedo a solicitar la dichosa cita. A uno, afortunadamente, no le despiden todos los días por lo que cualquier trámite es nuevo.

Por fin consigo estar en el sitio adecuado y en la hora precisa. Me gustaría una palabra amable y una sonrisa y me encuentro con una coronilla. Saludo.  La coronilla emite un sonido que supongo que quiere decir “hola” y ¡por fin! Una cara. Lástima, no sonríe, bueno, no puedo pedirlo todo. ¿Ha traído los papeles? Saco mi carpeta y pongo encima de la mesa el resumen de doce años de trabajo. Pasa detenidamente toda la documentación y comienza a escribir en el ordenador. Me remuevo incómoda en la silla. Ni caso. Toso un poquito. Ni caso. Me arriesgo a preguntar ¿está todo? Ni caso.

Me gustaría gritar: ¡levante la cabeza, por Dios!. Está tratando con una persona. Ya sé que como yo pasan muchas por esta silla, ya sé que para usted soy solo su trabajo (¿yo también me comportaría así cuando trabajaba?), ya sé que no se encuentra valorado y que está quemado, pero  soy una persona pasando una situación difícil! ¿Tanto le cuesta mirar a los ojos? Pero en vez de gritarlo bajo la cabeza y a partir de ahí el diálogo es de coronilla a coronilla. Estamos empatados.

Cuando termina de escribir en el ordenador me alarga los papeles y me dice un escueto “ya está, le llegará una notificación”. Y eso es todo. Aquí acaba mi historia laboral (por el momento).

Voy a otra mesa, a inscribirme como demandante de empleo. El tipo es simpático y me mira con cara de  “pobre, la que la espera”. Tras una charla insustancial que sirve para romper el fuego le entrego todos mis títulos para la elaboración del CV y de verdad que noto su mirada desconcertada. Me dice ¿para qué vamos a hacer todo esto si no te vamos a llamar nunca? Me hunde en la miseria. No es que esperase una oferta de empleo allí mismo, pero ser tan rotundo…. Al final me empeño y se elabora mi CV.

Lo reconozco, salgo de allí con una mezcla de desesperación, rabia y desconcierto. ¡Menuda  oficina de empleo!

¿Cómo ha sido tu experiencia en las “Oficinas de empleo”?

Diario de un parado II. La cruda realidad

http://www.flickr.com/photos/fede_salvo/4214625509/

De repente me despierto sobresaltada y miro el reloj ¡me he dormido! ¿Cómo ha podido suceder? Y entonces lo recuerdo. Como un mal sueño los sucesos del día anterior vienen a mi mente: me despidieron.
¡Qué ironía! Toda la vida protestando por los madrugones y hoy daría lo que fuera por tener que madrugar y salir corriendo de casa a coger el autobús.
Me levanto sin ganas, me dirijo al cuarto de baño y lo que veo en el espejo no me gusta nada: unas ojeras que llegan hasta los codos. La noche no ha sido buena.
Me debato entre volver a la cama o entrar en la ducha. Tras unos segundos de duda opto por la ducha, aunque no muy convencida.
Mentalmente repaso las tareas que tendría que hacer: ir a un abogado a que revise la liquidación, arreglar los papeles del paro… pero ninguna me motiva demasiado. Bueno, tengo tiempo. Si hay algo que ahora tengo es tiempo ¿no?
Deambulo por la casa sin saber muy bien que hacer, o mejor dicho, sin saber muy bien que me apetece hacer. Si cuando trabajaba estaba deseando tiempo libre para dedicarme a un montón de cosas ¿por qué ahora no se me ocurre ninguna?
Y no quiero salir de casa. Eso supondría encontrarme con gente a la que tendría que explicar que hago a estas horas sin ir a trabajar… No puedo explicarlo. Todavía no. Sigo teniendo un sentimiento de vergüenza que no me explico, pero del que no puedo librarme.
Abro el frigo y como, enciendo la tele pero nada me convence, cojo un libro pero no me centro en la lectura, vuelvo a abrir el frigo y como más. Esto no puede seguir así. La tele sigue sin tener nada decente, ya he vaciado el frigorífico y ¡todavía es media mañana! Tengo que reaccionar. Tengo que trazar un plan. Saco mi agenda (esa en la que antes anotaba las cosas de trabajo) y anoto lo urgente. Mañana empezaré con ello. Mañana… será otro día.

Para todos los que han pasado por un despido… y se han repuesto de él.

Diario de un parado: el día del fin del mundo

Diario paradoSon las siete de la mañana, y el despertador suena como cada día. Te levantas todavía somnoliento y te diriges a la ducha como cada día. Desayunas (con prisas, como cada día) y sales corriendo a coger el autobús, sin sospechar que esa será la última vez que lo hagas.

Cuando llegas al trabajo todo te parece igual, pero, sin darte tiempo a sentarte, te llaman al despacho del jefe. (uff, si el jefe ya está aquí no se augura nada bueno).

Te dan la noticia: tenemos que prescindir de ti. Siguen hablando de cifras, datos, estadísticas… pero tu cabeza no puede seguirles, solo hay sitio para una frase: estás despedido.

En ese momento las dudas asoman a tu mente: ¿había que firmar el finiquito o no?, ¿qué tenía que poner si firmaba? Mira que lo habías hablado con varios amigos muchas veces, cuando por la maldita crisis habían sido despedidos, pero no prestabas demasiada atención porque nunca creíste en serio que te fuera a pasar a ti. Es como los accidentes de coche: siempre les pasa a los demás. Al final firmas no conforme, coges los papeles y el talón y sales a la calle.

El sol te deslumbra. En esos momentos notas que las lágrimas que has estado aguantando (no ibas a darles la satisfacción de llorar) salen a borbotones. Y sin saber a dónde ir comienzas a caminar. No sabes cuánto tiempo estás así.

¿Cómo se lo vas a explicar a tu familia? ¿Qué van a decir? Y sin saber por qué te invade un sentimiento de vergüenza. Sabes que es ilógico sentirte así, pero así es como te sientes.

Y por fin, después de varias horas deambulando por la ciudad, decides irte a casa. Y tratas de explicarlo. Y el silencio se apodera del ambiente. Sólo hay un abrazo y muchas lágrimas. Es suficiente.

Mañana empezaras a buscar empleo. Y trazarás un plan. Pero eso será mañana, el primer día de una vida nueva y desconocida.